La tragedia, causada por las lluvias y la inestabilidad del terreno en torno a una mina de coltán, ocurre apenas días después de un alud similar que dejó más de 200 fallecidos.
Al menos 300 personas murieron en un nuevo derrumbe ocurrido en la zona minera de Rubaya, en el noreste de la República Democrática del Congo, informó este domingo (08.03.2026) un líder de la sociedad civil local. El deslizamiento ocurrió el sábado debido a las lluvias torrenciales que cayeron sobre la explotación minera de Gakombe y afectó no sólo a mineros, sino a familias que viven en los alrededores.
El coordinador de la sociedad civil de Masisi (donde está Rubaya), Telesphore Nitendike, dijo que las primeras estimaciones hablan de 300 víctimas mortales, principalmente entre las viviendas de los alrededores y también entre los mineros. “Más de 40 familias fueron arrastradas por estos deslizamientos de tierra. Es trágico lo ocurrido (…), sobre todo porque las labores de rescate no fueron organizadas por especialistas”.
Policías y rescatistas trabajan buscando sobrevivientes en esta mina de coltán, un mineral indispensable para la fabricación de dispositivos electrónicos. El portavoz policial Robert Kasongo dijo a la agencia dpa que las fuertes lluvias desataron la tragedia, en una región donde recientemente también un desplazamiento de tierra había dejado otros 200 fallecidos.
Drama recurrente
Nitendike criticó la falta de organización en la zona minera de Rubaya, ubicada en la provincia de Kivu del Norte y controlada por el grupo rebelde Movimiento 23 de Marzo (M23), que opera en ese territorio con impunidad, lo que -según Nitendike- fomenta el caos. “Otro problema es que la búsqueda del último deslizamiento de tierra no ha terminado. Los cuerpos siguen enterrados. Esa es otra tragedia”, recordó Nitendike.
El siniestro del sábado tuvo lugar después de que más de 200 personas, incluidos unos 70 niños, fallecieran por un derrumbe que se produjo el pasado día 3 de marzo en una mina de coltán en Rubaya, según confirmó la pasada semana el Gobierno congoleño. La misma zona minera fue escenario el pasado 28 de enero de otro derrumbe provocado por la lluvia que causó la muerte de alrededor de 460 personas.
El Ejecutivo congoleño denunció entonces un “sistema organizado de saqueo y explotación ilegal” de recursos naturales por parte del M23, al subrayar que las autoridades nacionales impusieron “la prohibición de toda actividad de explotación” en la zona por motivos de seguridad antes de que los rebeldes tomaran control de este territorio.

